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El castellano en Cataluña |
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 Tarjeta roja para el castellano en Cataluña Lorenzo Contreras La “desespañolización” del Salón Internacional de Turismo en Barcelona, donde nuestro país pudo pasar por extranjero, así como la permanencia de los jugadores infantiles de fútbol de Cataluña, en una competición con futbolistas de otra “procedencia”, fuera del terreno de juego mientras se interpretaba el himno nacional español, es un síntoma más de la gradual erosión que viene sufriendo la “patria común e indivisible” que ordena o establece la Constitución.
Esto ocurre en la misma línea antipatriótica o simplemente antiespañola que caracteriza la actitud del jugador del Barcelona Club de Fútbol llamado Oleguer. Y se corresponde con una actitud instigadora en el mismo sentido por parte del presidente del club, el señor Laporta. Simultáneamente se ha sabido, por si hacía falta confirmarlo en alguna medida, que el castellano sigue siendo en Cataluña una lengua de segunda. Hay en torno a este asunto una cierta polémica sobre la exactitud de la apreciación que se hizo circular hace días sobre lo ya de sobra conocido. Precisamente sobre la situación de la Lengua Española en la Educación Secundaria de Cataluña ha trascendido un informe de la Sociedad Convivencia Cívica Catalana. Un informe abiertamente crítico contra ese trato que se viene dispensando a la lengua de Cervantes frente a la de Verdaguer, por ejemplo. De tal informe me permito extraer algunas consideraciones. Para empezar, recordemos que la lengua oficial del Estado recibe en el sistema educativo catalán el mismo número de horas que una lengua extranjera. Por otra parte, se acusa una incidencia especialmente negativa en el aprendizaje global de todas las materias para los alumnos castellano-hablantes. El catalán se ha impuesto en Cataluña como única lengua docente en las escuelas, pese a la cooficialidad, allí, de los dos idiomas, según preceptúa la Constitución vigente, que es la de todos los que integran la nación española y, por consiguiente, el Estado con todo su arsenal normativo. Esto significa que a niños de seis años, por ejemplo, se les explica las matemáticas en su lengua natal y a otros no, generándose así una evidente inferioridad de condiciones para los alumnos castellano-hablantes, lo cual se traduce en un menor rendimiento académico y una mayor tasa de fracaso escolar, como ha demostrado un estudio de la sociedad antes citada. Ese fracaso entre castellano-hablantes supera el doble entre hablantes de “la otra lengua”. Es obvio, como señala el informe, que un alumno aprende más rápido y obtiene mayor rendimiento académico si es escolarizado en la lengua que más domina, la que habla con sus padres, o sea, su lengua habitual o materna. Es una constatación —dice el documento— basada en la lógica y está corroborada en materia de educación infantil por organismos internacionales como Unesco y Unicef. El fracaso escolar en Cataluña (31 por ciento de promedio) no se distribuye en la misma proporción entre uno y otro grupo de alumnos (catalanes y castellanos), sino que se centra “de manera aplastante” en los segundos. Se está, en definitiva, ante un sistema educativo que impone —siempre según el informe de referencia— una escuela monolingüe en una sociedad bilingüe. Esto significa que “se trata a la lengua que habla la mitad de la población con el mismo número de horas que una lengua extranjera”. Tal marginación ha motivado que el Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial (CERD) de la ONU y la Comisión Europea contra el Racismo y la Intolerancia (ECRI) hayan expresado su preocupación. Por su parte, Convivencia Cívica Catalana propone la adopción de un nuevo modelo educativo para Cataluña, la supresión de la inmersión lingüística en catalán y la enseñanza en la lengua materna de cada alumno hasta los ocho años, sin perjuicio de la introducción posterior paulatina de la segunda lengua. En resumidas cuentas, procede llegar a la conclusión de que todo lo español, en el orden cultural, lingüístico, deportivo, simbólico… se encuentra en retroceso. Lo cual, sin embargo, coexiste en el terreno de los intereses prácticos con la edición de los periódicos en castellano —salvo muy pocas publicaciones en catalán—, así como una abrumadora mayoría de ediciones de libros también en castellano. Aparte, ya se sabe, los anuncios publicitarios y los reclamos de comercios y tiendas tienen que expresarse en catalán, salvo multa o disgusto en contrario. Sólo hay un aspecto del castellano que se salva del naufragio total en función del “seny”. Hay que vender libros y periódicos. Euros son euros. |
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