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Enxiemplo del examen por Fray Josepho Imprimir E-Mail

Agradecemos de nuevo a Fray Josepho que nos mande esta primicia de su ingenio

 

Si Sant Tomás d’Aquino, sabio et ilustre Santo

(al cual piadosas preçes con grant fervor levanto),

permite que lo faga, faré un rimado canto

de un cuitado magistro, que vos causar ha espanto.

 

Un bon día el magistro llegó a fazer examen,

al que “prueba obxetiva” quier la LOGSE que llamen.

Si non digo verdat, los diablos me reclamen:

era con un terzero: ¡que mala leche mamen!

 

El magistro que digo era un buon agregado,

enseñaba la lengua a todo el alumnado,

et la litteratura, ca era muy letrado;

mas non era dispuesto pora aquesse ganado.

 

Cuando arribó el magistro pora entrar en el aula,

vido acquel panorama de tanto moço maula

(alguno, gusanitos glotona mientre embaula)

et sintió, como siempre, qu’aquello era una jaula.

 

Una jaula, un cárçel, un penal, un presidio...

Tal pudiera un reclusso, reo por homiçidio,

al magistro de marras manifestar: “te invidio”

(ca, al menos, el reclusso non piensa en el suiçidio).

 

Aquello paresçía çeremonia tribal,

non había sentado ni tan sólo un chaval

gritería et bulliçio reinaba en el local:

et que oviere allí examen, les semejaba igual.

 

El proffessor, paçiente, frío et quasi violento,

con un tono impostado, diríase sarxento,

apremió, fuerte mientre, a que tomara assiento

acquel gruppo de púberes de rostro granujiento.

 

Diré que había “púberas” igualmente, en efeto,

(intento en lo político resultar muy correto):

differían del resto un pocco en el aspeto,

mas eran semejantes en cuanto al inteleto.

 

–¡Tenemos un examen! –gritaba el proffessor

–¿Queredes assentaros? –repite –¡Por favor!:

ponet siellas en fila; de uno en uno mexor.

¡Façetme la mercet, por amor al Creador!

 

Y apiadose el Señor, en las Santas Alturas;

ca, por grande miráculo, aquellas criaturas

gamberras, bulliçiosas, furañas, inmaduras,

arrastraron las siellas, con malas cataduras.

 

Et la amorfa camada de tan neçios pillastres,

que para la enseñança son rémoras e lastres,

fizieron tal ruido con sus torpes arrastres,

cual en los terremotos u otros tales desastres.

 

Después d’un quarto de hora, tras la algazara impropia,

el magistro reparte, ca fizo multicopia,

los folios del examen, a cada qual su copia:

¡mas aquellos mastuerços estaban en la inopia!

 

Miraban el examen (preguntas sobre un texto),

con estupefacçión y asombro manifiesto:

paresçían deçir: “¿Mas qué caraxo es esto?”

Et a responder bien ninguno era dispuesto.

 

Un moço, nada más tomar el exerçiçio,

sin darse a la letura, nin siquiera a su iniçio,

pidiole al proffessor: –¿Non puedo ir al serviçio?

Sin dubda que pensaba cometer torpe viçio.

 

El magistro negose de modo muy severo;

mas al instante un otro, muy bromista e chançero,

repetidor porfiado, inepto e maxadero,

pregunta: –¿Non se puede fazer con lapiçero? 

 

El magistro rechaza, con molestia et enojo:

explica que con lápiz puede haber trampantojo.

Et diçe una mançeba mirando de reojo:

–¿E puédesse escrebir con bolígrafo rojo? 

¡Non se puede, caramba! ¡Non se puede, ya está!

¡Con boli açul o negro tot ome escrebir ha!

E mientras que esto explica, un chicco coge y va

y diçe: –“Proffesor: ¿se puede entregar ya?” 

–Pero si el texto entero leer non has podido...

¿et quieres entregar? –¡Ya pusse mi apellido...!

E de totas maneras voy a ser suspendido...,

mas faré promoçión, ca ya soy repetido.

  –Entrega, pues, si quieres; entrega si te plaçe...

Al oír tal respuesta, la mesma cosa façe

otro tropel de moços, sin que les atenaçe

que sea su suspenso seguro desenlaçe.

 –¿Podemos salir fuera? Ya habemos acabado...

–¡Non: de ninguna guisa! –clama el magistro airado.

–Estar por los pasiellos non debe el alumnado:

¡todo el mundo a sus siellas, a quedarse callado!

 

Con protestas ruidosas, y con gesto bellaco,

el moçerío borde, a quien fiede el sobacco,

se sienta, contrariado, e torna a dar por sacco:

¡el proffessor estaba poniéndose cardiaco!

 

Mas, aparte del gruppo que grita e se subleva,

hay seis o siepte mozos que sí fazen la prueba:

la mayor parte d’ellos del género “mançeba”;

quiçab del aprobado pueda caer la breva...

 

E, mientras que un mançebo devora un bollicao,

et otro oye en el “walk-man” çintas de bacalao;

de la cabeça d’otros sale un espeso vaho,

ca pensar un poquiello dexa a los moços K.O..

 

Una moça qu’escribe, silençiosa et çeñuda,

levanta la su mano; debe de tener duda.

El proffessor, flemático, con paçiençia de Buda,

s’açerca a la mochacha para prestalle ayuda.

 

Ya siente el proffessor inflar sus compañones:

–¿Non comprehendes el texto? ¿Dónde, en quáles renglones?

¿Entiendes recta mientre qué diçen las questiones?

–Magistro, ¿tiene típex? Es que fize tachones... 

 

Proporcionó el magistro el típex a la moza,

que es de las muy poquiellas qu’escribe et non retoza.

El magistro de vella, por poco si solloza:

se siente enternecido, ca está un tanto carroza.

 

El timbre suena entonçes. Formando gran jaleo,

la algarada de moços corre pora el recreo,

el proffessor recoge todo su papeleo

e guarda los exámenes: ¡lo peor de su empleo!

   

Esa tarde el magistro, más tranquilo, en su casa,

corrige los exámenes; sufrido, los repasa:

algunos son de pena, pero otros son de guasa,

de dos o dos y medio ni un sólo alumno pasa.

 

Suspendellos a todos resulta un grand enredo,

ca el proffessor non es dechado de denuedo;

a los padres de alumnos les tiene algo de miedo:

aprobar ha a unos cuantos, total: ¡le importa un bledo!

 –Aquesta moça –piensa –es gentil petimetra,

escribe tres renglones, mas faltas non perpetra,

et maguer que el sentido del texto non penetra,

non fizo tachaduras e puso buena letra... 

–Et –prosigue –el examen que fizo este moçuelo,

demuestra que posede menguado cerebelo,

mas non se porta mal, ca non es un pilluelo,

et dalle el aprobado non será grand desvelo. 

Et, ansí, uno con otro, rescató una doçena.

Dexó de calabaças la huerta menos llena:

–Este porque es salado..., esta porque está buena...,

ese porque non chilla... y acquel, que me da pena...

 

El proffessor, que otrora de huesso oviera fama,

ya por las iniustiçias non se enoja o s’inflama...

Guarda el maço d’exámenes, vístese su pixama,

çepíllase los dientes e acuéstase en la cama.

 

Et ya vuestra paçiençia non ataco ni asedio;

diré la moralexa, por non causar más tedio:

pues la LOGSE ya impera, colegas, qué remedio:

non quedan más coxones que adaptaçión al medio.

                                                             Fray Josepho
 
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