|
No hay Humanismo sin Literatura |
|
|
Pobres tiempos los de una sociedad que no puede examinar a sus jóvenes de un texto literario. Pobres jóvenes si no pueden siquiera reconocer el valor de las palabras suyas usadas de modo nuevo y artístico para alcanzar alguna cima de belleza o de sensibilidad. Pobres también aquellos que reglamentan sin percatarse de que esparcen sal y vuelven yermo el campo donde se labra el futuro. Pobres tiempos los que tratan de reducir la comunicación lingüística a la “confección” de textos “de carácter informativo o divulgativo”.
No es comprensible que desaparezca el texto literario del examen de la prueba de acceso a la universidad. Y debe alertarnos a los que enseñamos Lengua Castellana y Literatura su continua devaluación y marginación. Sin rubor alguno para quien redactó el programa de Literatura en segundo de bachillerato, no encontramos en él los nombres de César Vallejo, Pablo Neruda y Octavio Paz, porque la poesía de ese lado del Atlántico no pareció de mérito suficiente a quien sí se empeñó en incluir a Mesonero Romanos o Antonio García Gutiérrez. No es comprensible que se exija un dilatado programa de temas lingüísticos y literarios para que con un poco de redacción se pueda superar el ejercicio. Sea proporcional lo uno y lo otro. La acumulación de siglos y épocas nos obliga a enseñar la literatura como quien cumple con un ejercicio de rutina memorística. Tomemos nota de Steiner: “Enseñar literatura como si se tratara de un oficio superficial, un programa profesional, es peor que enseñarla mal”. La literatura es, desde luego, una materia peligrosa, porque al leer ponemos en juego nuestra intimidad, la exponemos al poema o al relato que se adueña de nuestros sentimientos, de nuestro deseo, de nuestro pensamiento. Pero es al correr ese riesgo cuando aprendemos integralmente qué es lo humano y su cultura. No hay humanismo sin literatura.
|